La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define la salud sexual como un "proceso continuo de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad.
Se evidencia en las expresiones libres y responsables de capacidades sexuales que conducen al bienestar personal y social, enriqueciendo la vida individual y social. No es simplemente la ausencia de disfunciones, enfermedad y/o malestar".
"Para poder conseguir y mantener la salud sexual es necesario que se reconozcan y defiendan los derechos sexuales de todas las personas".
Los siguientes elementos están presentes en todo proceso de salud sexual: Estado general de bienestar, más allá de la ausencia de enfermedad Derecho Humano fundamental Posibilidad de gozar de una sexualidad libre, satisfactoria y sin riesgos
Derecho y condiciones necesarias para tomar decisiones libres e informadas sobre todos los aspectos relacionados con la sexualidad y la reproducción Acceso a servicios de salud de calidad Derecho a no sufrir discriminación de ningún tipo en el ejercicio de la sexualidad y la reproducción, incluyendo el derecho a no sufrir violencia doméstica ni sexual.
En los bateyes dominicanos, asentamientos humanos caracterizados por vivir de espalda a la civilización y al desarrollo, con altas tasas de analfabetismo, niveles de mortalidad materna e infantil propios de las sociedades excluidas y viviendo en condiciones de pobreza extrema, sin acceso mínimo a servicios de educación y salud, los derechos sexuales y reproductivos son desconocidos y hombres, mujeres y niños y niñas viven en un estado permanente de violencia donde solo existe la ley del mas fuerte, o del que posee los medios de producción.
La mujer del batey vive un ambiente de doble explotación: la social y económica y la del compañero, que esclavo de la ignorancia, pero responsable de la provisión de la familia, se cree dueño y señor de la mujer y los hijos y los somete a duras represión ante el más mínimo intento de desconocer su abusiva autoridad.
